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Hemos hablado del oro como inversión en bastantes ocasiones. Por ejemplo, en Funds People comentamos en qué situaciones el oro sirve realmente como activo refugio, en un post antiguo del blog comentamos si invertir en oro tenía sentido en el largo plazo y en este artículo de Rankia Pro hicimos algunas previsiones sobre el metal dorado. Hace poco además, advertimos que algo está pasando el mercado de oro y explicamos los posibles motivos.
 
Pero este artículo es diferente a todos ellos, pues lo que quiero explicar aquí no tiene tanto que ver con la inversión como con las propias características de los metales preciosos.
 
A ver, a quienes me conocéis en persona o, por ejemplo, por los artículos del blog donde utilizo a superhéroes para explicar temas de mercados financieros no os sorprenderá que de pequeño fui ese tipo de niño que hizo la colección de minerales de "gutiérrezqueleveo". Era una afición que mi padre decía compartir conmigo, aunque con el paso de los años comencé a entender que lo más seguro es que le aburriese bastante y no fuera sino una excusa para acercarse a mí.
 
 
 

En fin, que siempre me han gustado los minerales (y disfruto al ver que mi hija mayor comparte esta afición), y gracias a ello, recuerdo que la sencilla escala ideada por el geólogo Friedrich Mohs mide la dureza de los minerales basándose en el principio de que un mineral podrá rayar a otros más blandos, pero no lo contrario.

 
Es una forma sencilla, aunque altamente eficiente, de afrontar este problema. Y digo sencilla porque la dureza no sólo se refiere al rayado, sino también a otras características de los materiales, como la penetración, la abrasión, la cortadura, etc.
 
En el caso de los metales preciosos, y en concreto del oro y la plata, todo esto es importante porque puros tienen una dureza muy baja. El oro, de 2,5 y la plata de 3, en la escala de Mohs. Es decir, que podrían rayarse con una uña o usando una simple moneda de cobre, haciendo por tanto poco útil su uso para orfebrería, por ejemplo.
 
Por esto, se utilizan aleaciones en ambos metales preciosos. Y de aquí, la importancia de la pureza. En los metales preciosos se entiende por pureza (o ley) la cantidad de metal precioso presente en la aleación final.
 
 
En el caso del oro, la pureza se solía medir en quilates (karats).  El término viene de la antigua Grecia, donde se utilizaban semillas de algarroba para pesar joyas, dada la uniformidad de las semillas (algarroba en griego, keration -κεράτιον-, los árabes adaptaron este término a quirat y de ahí a quilate, y no kilate de kilo).
 
Cada quilate representa una parte en oro por 24 del total de la aleación. Esto es, que el oro de 24 quilates sería oro puro, y el de 18 quilates representa un 75% de oro en la aleación.
 
Pero actualmente ya no se usa el quilate, sino la milésima (o fineness) para medir la pureza del oro. En este sentido, el oro más puro se representa como de 999 milésimas, 99,9% de oro o 24 quilates. El oro más puro que se ha obtenido es de 999,999 milésimas o 6N, y el más puro que se produce actualmente es de 999,99 o 5N:
 
  Milésimas Pureza Quilates
Oro puro 999 99,9% 24
Oro de primera ley 750 75% 18
Oro de segunda ley 585 58,5% 14

 

 
El oro puro rara vez se utiliza en joyería. Pero sí en los lingotes entregables, es decir el oro físico que se utiliza como inversión, cuyo precio se suele extraer de la cotización en onzas troy London Bullion Market. Para estos lingotes se exige una pureza mínima de 995, similar a la exigida por CME en la especificación de su contrato de futuros en oro.  El lingote de oro entregable debe tener además una marca con su número de serie, pureza, año de producción y productor. Respecto a joyería, aunque no estoy muy puesto en el tema, aunque parezca que un menor porcentaje de oro sea algo negativo, lo cierto es que hay aleaciones que consiguen colores muy interesantes y están muy valoradas, como es el caso del oro blanco (oro + paladio o plata).
 

La pureza de la plata, por su parte, se solía medir en dineros y también en granos, pero actualmente se mide también en milésimas:

  Milésimas Pureza Dineros / Granos
Plata pura 999 99,9% 12 / 0,5
Plata de primera ley 925 92,5% 11,1 / 0,4625
Plata de segunda ley 800 80% 9,6 / 0,4
 
En el caso de la plata entregable, se exige una pureza mínima para la entrega física de 999 Milésimas, tanto en la London Bullion Market Association como en los futuros de CME. Respecto a las marcas, son necesarias las mismas que en el lingote de oro.
 
 
Normalmente se considera también como metal precioso de ley al platino, y su pureza se mide también en milésimas, siendo de 999 el platino puro y de 950 el platino de ley, siendo 995 la pureza mínima exigida para la entrega física, también en CME
 
Las reglas de entrega física de los metales preciosos las puedes ver mejor aquí.

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