La importancia de la Psicología en los mercados financieros (octava parte) 

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En el artículo de hoy, hablamos de la importancia de la paciencia, que ya hemos comentado en otras ocasiones en el blog. Igual que en una partida de ajedrez, en mercados financieros mover por mover, aunque sea un peón, suele tener resultados peligrosos.

Pero antes, recordar dónde podemos encontrar el resto de la colección, a la que le quedan sólo dos partes más:

 

 

 

Un buen inversor es paciente. Los mercados, como hemos comentado una y otra vez a lo largo de esta serie de artículos, son bastante eficientes, aunque probablemente no completamente eficientes. Esa eficiencia impide obtener resultados sobre la media en todos los periodos, por lo que a veces habrá que conformarse por ir de la mano de la mano de la media del mercado. Pero otras veces ofrece oportunidades. Y estas oportunidades son para el que espera, agazapado, pacientemente, que aparezcan.

Decía Jim Rogers que su trabajo era similar a estar sentado en la calle, mirando cómo pasa la gente, esperando a que a alguien se le cayera un billete del bolsiollo para ir a recogerlo.

 

 

En este sentido, hay una historia preciosa, que conocí a través de Ed Seykota, que creo que funciona como una bonita parábola de lo que quiero transmitir. Os la traslado con mis propias palabras:

"Había un joven que quería aprender todo sobre el jade. Por eso fue a visitar a un anciano maestro en las montañas, famoso por su dominio de la gema. Al llegar a su casa, el joven le contó su interés por el jade y le pidió al anciano que fuera su maestro. El anciano lo miró y le pidió que sostuviera una piedra verde de jade en su mano. Se la cerró y le comenzó a contar una historia del trigo y de las cosechas.

-No he venido a aprender de trigo - dijo el joven -sino de jade.

-La lección por hoy ha concluido-le replicó el maestro-nos vemos mañana. 

Así, retiró la piedra de su mano y se marchó a meditar. El aprendiz, se marchó perplejo, pero regresó al día siguiente. El maestro volvió a pedirle que sostuviese la gema y comenzó a hablarle sobre el tigre y su belleza. Al poco, el aprendiz dijo:

-Maestro, a mí no me interesan los tigres, sino el jade. 

El maestro, como el día anterior, dio por terminada la clase, pidiéndole al joven que regresara al día siguiente.

Al cabo de varias semanas, el maestro había hablado con el aprendiz del arroz, de cabras, de las montañas, del paso de las nubes y del cauce de los ríos. El aprendiz escuchaba cada vez durante más tiempo, aunque todavía sin entender por qué éste no quería hablarle de jade.

Un día, cuando estaba cogiendo la piedra verde de la mano del maestro, antes de comenzar con la historia, aseguró:

-Maestro, esta piedra que tengo sobre la mano, a pesar de ser muy similar, no es de jade.

El anciano sonrió ampliamente y, mirando a los ojos del joven, le dijo:

-Ahora, ya estás listo para que empecemos a hablar sobre el jade."

 

 

O como hubiera resumido en pocas palabras el señor Miyagi: "dar cera, pulir cera".

 

 

¡Feliz domingo!

 

 

Tomás García-Purriños, CAIA

@tomasgarcia_p

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