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Durante la campaña electoral de 2004 en Estados Unidos, Drew Westen, Pavel S. Blagov, Keith Harenski, Clint Kilts y Stephan Hamann llevaron a cabo un interesante estudio. Seleccionaron a sujetos que se describían con opiniones firmes respecto a los candidatos (por aquel entonces, Bush y Kerry). Los investigadores les mostraron declaraciones contradictorias de los candidatos y de otras figuras públicas políticamente neutras. Después, se ofreció a los sujetos declaraciones de los candidatos y las figuras mediáticas que justificaban la contradicción presentada anteriormente, o que hacían que ésta sonase de algún modo razonable. Se pedía finalmente que los sujetos decidiesen si las declaraciones de las personalidades y los candidatos eran o no consistentes, mientras los investigadores supervisaban su actividad cerebral mediante imágenes por resonancia magnética. 

 

Los descubrimientos del estudio eran reveladores: los sujetos mostraban un aumento de la actividad en los centros emocionales del cerebro cuando evaluaban las declaraciones de sus candidatos favoritos. Lo anterior implica que se razona con diferentes zonas del cerebro, dependiendo de si se tiene un interés emocional o no en las conclusiones que se alcanzarán.

En realidad, este estudio viene a confirmar lo que ya le decía Tomás de Aquino a Dante en el Canto Decimotercero de la Divina Comedia: 

"Y de este modo la razón se plega, 

con el juicio vulgar a falsa parte, 

y el amor propio al intelecto ciega."

Lo que viene a querer decir que el cariño a nuestras propias opiniones a veces nubla nuestro buen juicio.

En la década de 1960, P. Wason acuñó a esta trampa mental como "sesgo de confirmación" (confirmation bias), que viene a describir la tendencia natural para convencernos a nosotros mismos de lo que sea en lo que queramos creer.

Podría describirse como un sesgo que selecciona aquellas evidencias que apoyan nuestra visión y les da un valor superior que a aquellas que están en contra de nuestra opinión. En realidad, es un avance natural para ahorrar energía: es mucho menos costoso en términos de razonamiento tener una opinión firme que tener que evaluar cada nuevo dato en contra. Sin embargo, en mercados financieros, es un sesgo que cuesta dinero, relacionado en parte con el peor de los pecados de los inversores: el orgullo.

Numerosos estudios confirman este sesgo, que en mercados financieros tiene consecuencias que todos hemos sufrido en ocasiones. Más allá del clásico "pille" que todos hemos tenido, que son casos más de esperanza que de orgullo, podemos ver reflejos de este sesgo en inversores demasiado teóricos, que siguen a rajatabla escuelas de inversión, ignorando (e incluso menospreciando) los hallazgos teóricos de otras escuelas. 

Por ejemplo, el que haya apostado sólo por estilo value se ha perdido un buen rally del growth, como podemos ver en el siguiente gráfico que muestra un relativo de value vs growth. Desde 2013, el estilo growth lo ha hecho mejor cada año. Pero desde ese año los inversores value han justificado en diferentes circunstancias que el siguiente año sería su year.

Sin embargo, como hemos señalado en muchas ocasiones, el estilo que más paga a largo plazo a los inversores (y el más complicado) es del escepticismo, el pragmatismo y el cinismo.

En trading este mismo ejemplo lo podríamos ver ante aquellos que buscan sólo entre los indicadores que le den la razón.

Y este es el peligro del uso de screeners, independientemente del tipo de inversor que seamos. Que al seleccionar según que características de una inversión (ya sea EV/EBITDA bajo, PER por debajo de la media, que esté rompiendo máximos de 52 semanas, que el RSI esté por debajo de 30, etc) estamos ignorando el resto. Es decir, que buscamos aquellas características que confirmen nuestras creencias, algo que podría predefenir la imagen de la acción que salga del screening. Que cumpla algunos de nuestros criterios no significa que sea una buena inversión: después del screening el anaĺisis debe continuar con el mismo escepticismo.

También para los que hacen trading hay otro gran ejemplo de este sesgo, que los que sean jugadores de póker entenderán rápidamente. Imagina que en tu mano hay dos reyes, y sobre la mesa otro más. Tus probabilidades de ganar la manos son muy altas, por lo que es muy probable que apuestes fuerte. Pero por muy buena que sea tu jugada no debes subestimar nunca la de los otros oponentes. Si otro apuesta, debes ajustar tu money management a su posible jugada. Cosa que muy raramente se hace: curiosamente en el póker muchos jugadores pierden más en las manos en las que tienen sus mejores cartas. 

Adaptado al trading, hay que seleccionar cuidadosamente los puntos de entradas y ajustarse a los stops y al plan preestablecido para la operación independientemente de lo seguro que veamos la formación gráfica. Se puede perder mucho dinero a veces aunque el mercado te de la razón. Y ganar aunque te la quite. Todo depende de lo bien o mal que hagamos la gestión del trade.

Finalmente este sesgo, como muchos otros, podría influir en que no diversifiquemos correctamente nuestra cartera. Y aunque el tema de la diversificación sea polémico, yo siempre recomendaré hacerlo. No me importa reconocer que soy mediocre, siempre que me sea rentable hacerlo. Y para mí, controlar el riesgo de cola, a largo plazo, sale muy rentable.

 

Tomás García-Purriños, CAIA

@tomasgarcia_p

  1. #1
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    El ego siempre quiere que le digan que está en lo correcto y que el otro se equivoca.
    Sentir que uno siempre está en lo correcto es lo opuesto al diálogo.
    Si diálogo no te puedes dar cuenta de que estás equivocado.
    El sesgo de confirmación consiste en satisfacer al ego, aunque se pierda dinero.

    Como decía el viejo chiste...
    1.El jefe siempre tiene la razón
    2.El jefe nunca se equivoca
    3.En caso de que se equivoque, aplica el inciso número 1.

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