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Marion Mueller

Marion Mueller

OroyFinanzas.com

Christian Felber es el economista austriaco creador de la teoría “Economía del Bien Común”. Felber, se define como “amigo pero no apasionado del euro” y cree que el precio de la salvación de la moneda única es muy alto en términos democráticos y que Europa podría sobrevivir sin la moneda común.

Economía del Bien Común

La Economía del bien común está alcanzando una gran difusión en países como Austria o Alemania y advierte que en una fase de recesión, la rebaja ligera de los tipos de interés, no anima de ninguna manera la inversión.
 
Lo que Felber propone para salir de la recesión es la inversión alentada por el sector público. Las medidas de ahorro y austeridad en una fase de recesión, alargan y agravan la crisis, señala Felder, que asegura que si las empresas y los hogares no son capaces de invertir, en última instancia lo tiene que hacer el Estado y si este no lo hace y se dedica al ahorro. Tal como indica el economista,
Es necesario un paquete de medidas. Hay que reordenar la gestión de la deuda del Estado, y debe fijarse una deuda pública máxima del 50% del PIB a interés cero y si se supera ese 50% de endeudamiento, automáticamente se deben aumentar los impuestos sobre las fortunas privadas, que en la media europea multiplican por cinco la deuda pública. España supera esa media, con entre 800.000 y 900.000 millones de euros de deuda pública y una riqueza privada que, según el Banco de España, es de seis billones de euros.
 
Felber sostiene que para que el 10% de las grandes fortunas colaboren más en la redistribución económica, el primer paso sería la cooperación fiscal dentro de la Unión Europea, y gravar a estas grandes fortunas.
Los ciudadanos debemos asumir como tarea nuestra ocuparnos de esos temas de la justicia y la cooperación fiscal, el cierre de los paraísos fiscales, la abolición del secreto bancario. Si queremos que nuestros estados tengan los suficientes ingresos para prestarnos los servicios que necesitamos, debe ser así. Mientras dejemos estos asuntos en manos de los parlamentos y los gobiernos… A cada momento nos demuestran que no están al servicio del pueblo, de la mayoría de la población, sino al de las elites que tienen la riqueza.
 
Felder asegura que la crisis trasciende lo meramente material, tiene una dimensión ética, de valores, de democracia e incluso espiritual; es una crisis completa. La parte económica puede ser un acelerador del cambio, pero no es el único motor.
Es necesario y posible llegar a entender que los beneficios son el medio y no el objetivo, y que los resultados empresariales se midieran por las mejoras para el bienestar social.
 
Felber considera que valorar únicamente el éxito financiero y competir contra otras empresas ha hecho que la orientación de los negocios se haya encauzado hacia la máxima de los beneficios.
El sentido de fundar una empresa es aportar un servicio que satisfaga necesidades, que tenga una plusvalía para la sociedad y que tenga en cuenta todo el entorno social e incluso ecológico.
El problema no está en el ser humano, ni en los empresarios sino en las reglas del juego. Si cambiamos las reglas del juego y pasamos a medir el éxito en la satisfacción de las necesidades, en el bien común, en la calidad de vida, lograríamos que los empresarios y personas sean recompensados por otros comportamientos y estrategias.
 
Felder afirma que de lo que se trata, es de alcanzar una verdadera economía libre de mercado. El economista define el actual sistema, como una economía de poder en la que gana y tiene éxito el más poderoso, el más egoísta, el más desconsiderado. Para concluir comenta lo siguiente, 
Será una economía de libre mercado cuando el canibalismo lleve a la cárcel en lugar de al éxito y cuando existan para todos las mismas oportunidades de ganarse la vida, fundar empresas y el derecho a no ser perjudicados por otros sin que se sancionen esas agresiones. La concentración desenfrenada de riquezas y poder va contra la libertad. Los pensadores liberales siempre nos han advertido de que para salvaguardar la libertad tenemos que impedir esa concentración. Hoy no tenemos ningún mecanismo que lo evite.
Los gobiernos nos demuestran que no están al servicio del pueblo, sino al de las elites que tienen la riqueza.
 
 
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