Blog La gran mano invisible

Coherencia, por favor

Veo, oigo y leo: Recortes.

Racionalización productiva y de funciones. En la empresa privada. En el Sector Público.

Cuando el equipo de gestión es el mismo. Es decir, cuando no ha habido sustitución del equipo directivo de una empresa (pública o privada), y cuando no ha habido un cambio político en el equipo de gobierno de una Comunidad Autónoma, Diputación o Ayuntamiento. Los encargados de tomar decisiones son los mismos ahora que antes de esta marcada tendencia de recortes. Entonces uno se plantea la duda razonable.

Si bajo una misma gestión se incurrió en una determinada inversión, o se mantuvo una cierta estructura de gastos fijos (léase gastos de personal, fundamentalmente). Y ahora se trata de recortar a toda costa, "optimizando" recursos.

En román paladino: alegando que es posible (desde hoy en adelante) realizar los mismos servicios con menos recursos comprometidos, y en consecuencia "racionalizando" su plantilla.

Optimización pura y dura: ustedes, funcionarios de carrera, trabajen más horas lectivas, por ejemplo, y prescindiremos de todos los funcionarios interinos (amortizaremos sus puestos).

Si la demagogia electoral asoma, la coherencia se esconde

Estamos de acuerdo: esto es posible hoy, pero -ceteris paribus- ¿por qué no se hizo ayer?

Por simple coherencia deberían dimitir todos esos que ahora plantean recortes. Sector Público y Sector Privado.

Porque si no fueron capaces de evitar el despilfarro en el pasado, ahora están moralmente incapacitados para realizar una gestión eficiente.

Formalmente resulta indiscutible que si alguien, con su inacción en el pasado, provocó un problema en el presente, está incapacitado para resolverlo en el futuro.

Cosa distinta -y discutible- es cuando el equipo de gestión es diferente en este momento. Resulta más ambivalente y moralmente avalado el recorte.

La carrera del mercado

Un conocido académico del management asimilaba el mercado, el continuo discurrir de competencia entre agentes, a una carrera a través del bosque, siguiendo una serpenteante senda, muchas veces con pendiente prolongada.

En su alegoría planteaba un interesante icono: la carrera incluye dos premisas.

Primero, no existe una meta a la que llegar, sino muchas metas volantes en las que comprobar quién va primero. Cuentas anuales, análisis trimestrales, resultados mensuales, estudios de mercado y de la competencia, etc.

Y segundo: todos los participantes en la competición están obligados a portar una mochila a sus espaldas.

La mochila está repleta de objetos elegidos por el participante, las necesarias para poder sobrevivir día a día, y para lograr pernoctar en las gélidas noches del bosque.

En la medida en que un participante vacía completamente su mochila, puede correr más rápido y durante más tiempo, sólo que en algún momento termina teniendo hambre y al no portar alimentos comienza a correr más despacio, luego a caminar, y finalmente queda detenido en un lado del camino contemplando cómo los demás participantes le adelantan inexorablemente. Lo mismo ocurre con respecto del agua y la sed o de la tienda de campaña y el frío de la madrugada.

Vacas gordas, vacas flacas

En una empresa privada, si formamos parte de su accionariado, podemos exigir responsabilidades. La dimisión del Consejo de Administración.

En nuestro Sector Público es tanto más difícil establecer una relación de causa-efecto, tal como en la empresa privada. Si bien, en realidad todos somos los accionistas.

En la medida en que los ingresos fueron elevados, conforme corríamos ladera abajo, se pudo encubrir el exceso de peso de la mochila. Pero aquellos participantes en la carrera que llevaban menor peso, avanzando a la misma velocidad que nosotros, pudieron reservar energías para el camino de subida montaña arriba.

Los tiempos de bonanza camuflan la realidad. Pero ello no hizo eficiente nuestra carrera. El hecho de que muchos participantes llevaran su mochila llena de pesadas piedras no justifica más que la imperfección de mercado en términos meramente económicos. Eso sí, los que iban más ligeros de peso, cuando los demás tuvieron que pararse a eliminar peso, siguieron corriendo. Cuando los demás se vieron sofocados, aún corrían alegremente.

Análisis del sobrepeso

Si hablamos del Sector Público, competitivamente es necesariamente ineficiente, pues en ocasiones no se compite con el Sector Privado (por disposición normativa monopolística), y cuando lo hace, cuenta con una gran posibilidad de apalancamiento encubierto que imperfecciona sus posibilidades reales de ser eficiente.

Estoy pensando en el primer caso, y como sencillo ejemplo, en el Organismo Nacional de Loterías y Apuestas del Estado. Blindado normativamente (exención fiscal de los premios) para dotarle de un status monopolístico.

Recientemente, se ha puesto de manifiesto el volumen de piedras que llevaba en su mochila. Esto es, la sobre-valoración que quería colocar el Estado en el mercado, máxime la coyuntura actual.

El Ejecutivo hizo que el participante en la carrera (ONLAE) se subiera, tal como venía corriendo, a una báscula de pesaje industrial (folleto informativo de la CNMV). Y los potenciales compradores exigieron ver la mochila, pues no estaban de acuerdo con el peso que indicaba el pesaje.

En el segundo caso, cuando el Sector Público compite con el Sector Privado, por su claridad conceptual, podemos analizar el sector audiovisual autonómico.

Encontramos televisiones públicas generadoras de déficit crónicos (pérdidas registradas año tras año, sin remisión), y que en la práctica se encuentran en competencia con las grandes cadenas de televisión privadas de ámbito nacional (cobran por sus espacios publicitarios).

En la carrera faltan controles anti-dopping

Un claro ejemplo: si en una autonomía -si dar nombres- encontramos un canal televisivo de financiación pública dirigido a solo un 10% de la población nacional (los habitantes de esa Comunidad Autónoma) y que cuenta con una plantilla de 1.800 trabajadores -y con pérdidas recurrentes y deuda desorbitada-, y la comparamos con una cadena privada de ámbito nacional que se dirige al 100% de la población española, sociedad cotizada en bolsa y que registra superhábit (beneficios) año tras año, y que emplea a 600 trabajadores, nos da una medida del peso de la mochila que soporta el Sector Público (todos nosotros) en sus espaldas.

Si reflexionamos sobre la trayectoria de ese canal de televisión pública autonómica, comprobamos que arrastra una deuda consolidada (dopping para la reparación del peso; en términos de management, apalancamiento financiado por el propio gobierno autonómico) equivalente a un tercio del rescate de Islandia, o a una quinta parte del rescate de la CAM, o a cinco años de beneficio después de impuestos de Mercadona.

Si ahora nos logran demostrar que el Sector Público puede correr con la mitad de peso en la espalda, están reconociendo que el sobrepeso soportado con anterioridad nos ha llevado hasta donde hoy nos encontramos.

Estas conclusiones son extrapolables para el Sector Público en su conjunto. De ámbito nacional, autonómico o local.

 

  1. #2

    broker 333

    Cuando el equipo de gestión es el mismo. Es decir, cuando no ha habido sustitución del equipo directivo de una empresa (pública o privada), y cuando no ha habido un cambio político en el equipo de gobierno de una Comunidad Autónoma, Diputación o Ayuntamiento. Los encargados de tomar decisiones son los mismos ahora que antes de esta marcada tendencia de recortes. Entonces uno se plantea la duda razonable.

    Que razón tienes! En todas las cajas intervenidas , tendría que haber habido una limpieza total de las directivas. Al final la cabra siempre tira al monte.

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