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Blog La gran mano invisible

¿Por qué algunos políticos sólo pueden "trabajar" en política?

Cuando la política es una profesión que no se estudia

Ayer, en un tweet del siempre interesante Martin Varsavsky, leía una reflexión de hondo calado.

Varsavsky es un tipo al que no conozco personalmente, pero que en la distancia, y desde el día a día de su bitácora, resulta simpático e inteligente en muchos de sus planteamientos.

Comenzó a ser reconocido en España por el papel jugado en Ya.com y Jazztel, como empresario/inversor. Quizá sea más justo definirlo como visionario-emprendedor, una persona que cree en las posibilidades reales de sus empresas, y que si en su llegada a un proyecto considera que bajo su exigente punto de vista éste no cuenta con un número suficiente de elementos diferenciadores, trabaja hasta la extenuación para crearlos.

Como empresario e inversor se ha mostrado bastante crítico con la política pública de nuestro país orientada al emprendedor/creador de empleo. También en torno a la palpable incompetencia (en materia de gestión) de nuestros políticos.

En su mensaje de Twitter, Varsavsky se preguntaba por qué en España se requerían más titulaciones para enseñar a chicos de 6 años que para ser Presidente de Gobierno.

A raíz de la cuestión planteada por Varsavsky he recapacitado seriamente sobre el conjunto de habilidades y motivaciones con las que cuenta cierta clase política española, frente a la que resultaría deseable (e incluso exigible), ante el grado de responsabilidad que deriva de sus decisiones; ya sea en una entidad local, diputación, comunidad autónoma o parlamento nacional.

En el mundo de la empresa (privada) existe una causalidad directa -y en ocasiones desmedida- entre el performance logrado y la retribución que recibe un trabajador (no hablemos ya del mantenimiento de éste en su puesto), sea cual sea su rango dentro de la organización. Y para ello está el Consejo de Administración, y tras él -y en última instancia- la Junta General de Accionistas, con capacidad plena de acción y veto.

Sin embargo, en el sector público -y más concretamente en el de la representación pública democrática- se vienen dando circunstancias bastante diferentes, al menos en este país.

Es por ello que, a diferencia de lo que ocurre en el honor y en la guerra, y tratándose aquí del deshonor en la política, haya tenido a bien redactar una

Carta abierta al político conocido

Apreciado/a Sr./Sra. García:

Me va a permitir que me dirija a usted por su apellido, pues le confiere un aire, cómo diría yo, más respetable, que es lo que siempre trató de conseguir, pese a la mofa de sus conciudadanos.

En la enseñanza primaria siempre fue usted un vago (que no necesariamente maleante), no porque le costara mucho esforzarse en memorizar, sino porque no tenía un porqué hacerlo (al menos, razonando y comprendiendo). Así creció, a la sombra del éxito académico de otros, y asqueado en su propia mediocridad, pese a su buen expediente.

Quizá terminó el bachillerato; puede que iniciara una carrera universitaria, pero nunca tuvo el firme propósito de ejercer esa profesión. Muchos de sus compañeros del Partido tampoco terminaron sus estudios en la universidad.

En verdad debe resultar desalentador estudiar algo que "no es necesario" para vivir (bien). Especialmente si a uno se le muestra que puede vivir mejor que bien con otros "méritos", ¿verdad?

La tentación es fuerte, y el poder adictivo, Sr. García.

Con los años usted había sido cautivado por su verdadera vocación, una "profesión" para la que no es necesario estudiar. No por la sencillez de la "profesión" en sí, pues se trata de una de las más comprometidas y complejas jamás ideadas por el hombre, sino porque usted comprobó que los principios de mérito y capacidad que señala nuestra Constitución aquí se aplicaban sólo al empleo público y no a la representación democrática según las urnas, lo que sin duda fue para usted un gran alivio, incapaz para conquistar una plaza por oposición. El tema del concurso de méritos (y el concurso público, en general, por qué negarlo) siempre se le dio mejor. Eso sí he de reconocérselo, Sr. García.

Muchos de sus compañeros, de los de su misma condición, sí alcanzaron una plaza de funcionario, pero finalmente se vieron cautivados por los destellos del poder y de la autoridad sin remisión, como usted; aparecer por los pasillos, en las comisiones, en el Congreso o en los plenos municipales, cual Sheriff en la puerta del Saloon, a usted siempre le pareció de lo más erótico, Sr. García.

Como dijo uno de sus antecesores, un político con mucho mayor mérito y capacidad del que pueda llegar a atesorar usted, un líder al que le tocó vivir -y reconducir- tiempos más convulsos que los actuales, "cambiaría un año ejerciendo el poder por diez años de mi vida". Así de goloso es su día a día.

No se engañe, Sr. García, intento comprenderle; lo he hecho desde hace años, pero me cuesta encontrar lícita su altiva impunidad.

Debo ahora recordarle -en su descarga y en nuestra responsabilidad colectiva- que si usted ejerce esa "profesión" (que no es la misma que nosotros habíamos solicitado) es porque muchos ciudadanos, ingenuamente, hemos permitido que el "intrusismo profesional" se consolidase como praxis común entre los representantes públicos, entre sus compañeros; entre los de su Partido y los de muchos otros.

También, en mi honestidad hacia usted, debo sumarme a las felicitaciones vertidas por sus compañeros de partido cuando -no sin cinismo gregario- le aprecian una trayectoria plagada de éxitos. Ahora bien, a diferencia de los señalados por sus congéneres, los éxitos que yo percibo son los propios de la arrogancia y la petulancia más inmaduras, esas manchas que han ido jalonando su nutrida biografía.

Han transcurrido apenas unos días desde que usted, joven imberbe, acababa de estrenar concejalía, de la mano de su tío, el señor alcalde; o quizá era un amigo de su padre, la verdad es que no logro recordar este tipo de detalles tan superfluos. La cuestión es que usted notó algo muy parecido a un viento fresco en el rostro, y no era velocidad de su gobierno, porque sus decisiones fueron lentas y arbitrarias; podría decirse que gestionó como elefante en cacharrería, pero con autoridad. Lo que usted notaba era cómo comenzaba a olvidar la inferioridad que guarda en su interior, para ir sustituyéndola poco a poco por jóvenes talentos aduladores que elevaban el concepto que de sí siempre tuvo, sólo tres puntos por debajo del narcisismo.

Esa siempre fue su pasión, demostrar una gran autoridad. "Mil hombres" le llamaban en el patio del colegio. Esa pequeñez hecha gigante, qué miedo debería haber inspirado a muchos, Sr. García, ya en su adolescencia. El caso es que vio un camino, una salida, y usted fue hacia la luz.

Porque en aquellos primeros pasos usted tomó decisiones de forma caprichosa (y corporativa, por qué negarlo), como luego ha seguido haciendo, para ascender en la Organización y en el Partido.

¿Qué sería de usted sin una manada de acólitos alrededor?

Con los años llegó a presidir una subsecretaría del Partido que simultaneó con cargos de subtenencia de alcaldía y diputación provincial.

Su carrera era imparable.

Y yo en todo este tiempo, cada vez que celebraba un proceso de selección por encargo de alguna empresa cliente me acordaba de usted ¿Sabe por qué? Porque su currículum nunca hubiera pasado el primer filtro del proceso de selección.

¿Cómo podría usted demostrar su capacidad? ¿Encontraría algún empleo fuera de su "profesión"?

En ocasiones me pregunté si mi enfoque sería poco acertado, pues usted, quizá, no sería un candidato reclutado para el proceso de selección, sino el propio empleador.

Pero esta duda fue tan fugaz que apenas merece una mención en esta misiva que hoy le dirijo, Sr. García.

Repasé una y otra vez con denuedo sus logros, y ¿sabe qué logré concluir?

Que sin lugar a dudas usted sería una tercera generación empresarial. Como sabe, Sr. García, existe un aforismo que indica con cierto gracejo popular cómo si la primera generación crea una empresa, la segunda se dedica a ampliar sus límites llevándola más lejos, más lejos de lo que jamás llegó a soñar la primera generación; pero finalmente la tercera generación se dedicaba a dilapidar los logros (y recursos económicos) alcanzados por su abuelo y su padre, dando como fin a su trayectoria con la disolución o venta precipitada de la empresa, en una perspectiva clara de rentista mediocre.

Obviamente se trata de un caso arquetípico, puede que incluso excesivamente caracterizado, pero es que ¡usted es tan arquetípico y tan caracterizable...! que no puedo evitar sonreir para mis adentros cada vez que ahora le veo aparecer en televisión, con esas frases hechas slogan publicitario, acompañadas por una postiza sonrisa de telefilm.

En verdad es usted un profesional de su "profesión" -que no es la que todos nosotros habíamos definido, debo apostillar-, pues la desempeña como nadie; como nadie la desempeña, si cuenta con unas mínimas dosis de diginidad y honradez.

Entiéndame bien, Sr. García, no digo que usted no sea honrado en un sentido impropio de las dádivas (que quizá, sólo la fiscalía anti-corrupción podrá instar el encendimiento de iluminadores focos sobre su persona), sino más bien que no lo es cuando se mira al espejo, por la mañana, y reconoce en su reflejo a una persona que de no haber sido por su "profesión" jamás hubiese logrado sobre-vivir. Y entonces aparta la mirada, y se vanagloria con ese poder que no le es propio, ungiéndose en un manto de impostura y autoridad.

¿Y sabe qué es lo que más me sorprende de su persona? Lo buen amigo de sus amigos que es, porque ha ido tejiendo una madeja de favores que es sospechosamente parecida a aquella en la que usted se integró, hace ya tantos años.

Sin embargo hoy comienza a temer por su futuro, y por el de sus hijos, porque unas cuantas personas solicitan una prueba de capacitación para usted, Sr. García.

No solicitan una oposición, ni tampoco que curse un máster según el Espacio Europeo de Educación Superior.

Quizá sí solicitan una suerte de proceso selectivo, como los que muchos consultores celebramos cada día para las empresas (privadas). Puede que incluso se le pida eficiencia en el desempeño de la "profesión", y algún tipo de sanción para esos casos de sonora negligencia que usted tan bien conoce, y que yo ahora no voy a repasar.

Y en verdad lo que usted teme, Sr. García, es que finalmente no sea el candidato elegido, porque sabe que si analizáramos su perfil, sin duda le contestaríamos de forma automática un siempre socorrido "Ya te llamaremos".

Fernando Castelló

  1. #1

    Alejperez

    Desgraciadamente el relato que cuentas es así, y a todos se nos vienen a la cabeza (al menos a mí) unos cuantos nombres, de distintos partidos, que darían le perfil.., por no comentar CVs decorados, políticos "con estudios de".., etc... (algunos ministros, algún presidente de parlamento regional, alguna consejera autonómica, etc...)

    Pero estoy con el texto que la clave no es una formación o título en sí.. (Steve Jobs no lo tiene y ha creado Apple, 2 veces...), sino el planteamiento de la política como ÚNICA forma de vida.

    Por eso en un reciente post de Echevarri sobre los sistemas electorales, he estado muy de acuerdo en sus alabanzas al sistema británico, de circunscripciones unipersonales, éstas pueden acabar con los partidos minoritarios, pero tienen 2 ventajas.., clarifican la gobernabilidad y, sobre todo, sabes a quién has votado o, al menos, quién te representa en tu circunscripción...

    Así sabes que tú o tus vecinos habéis votado a Pajín, Aído, Fabra o (ponga aquí su nombre favorito) de turno.. por mucho que se escondan tras unas siglas, has votado a esa persona, ese "vividor" de la política y no a su contrincante.

    Por último comentar que también veo cierta similitud en la gerencia de muchas empresas..., ese Presidente o consejero puesto ahí porque tiene tal o cual apellido o contacto político y que, en el mejor de los casos, no romperá mucho lo que hay porque en realidad la empresa la gestionan mandos inferiores y va sola... (Alierta, Villalonga), o que pueden hundirla estupendamente (¿políticos en cajas de ahorros?)...

    Saludos

    P.D.: ¿No era de Buffet lo de “invierte siempre en empresas que puedan ser dirigidas por idiotas, porque tarde o temprano, un idiota la dirigirá”? Parece que algunas empresas pueden, y creo que España es una grandísima empresa...

  2. #2

    Comstar

    El bajo performance de los políticos es culpa de la empresa privada. La empresa privada se lleva a los mejores, ¿y quienes quedan? Pues los políticos.

    Dicen que los políticos son estrellas pop que por falta de talento se quedaron en política. Igual quieren hacerse propaganda para ser estrellas pop, aunque sus talentos artísticos sean poco menos que mediocres.

  3. #3

    Jo.ma

    Curioso que la propia Lofage de cabida a semejante monstruosidad. Para los altos cargos del gobierno, ejercidos por funcionarios de carrera, se requiere ser licenciado o doctor, másters, méritos... y sin embargo, para sus superiores, que según la propia norma, ostentan la jefatura de dichos ministerios y la alta dirección política del gobierno y del país, solo se requiere ser mayor de edad, y capaz conforme a la legislación española.
    El problema es que los políticos que tenemos hoy día, no cumplen ninguno de los dos requisitos, y la propia ley, habilita a estos mendrugos del carajo para que rijan nuestros destinos, cuando cualquiera de sus asesores les da veinte mil vueltas.
    Es lo que tiene una ley que permite ejercer el poder a quien no se sabe ni la tabla del 1

  4. #6

    Dobresengo

    Aun estando de acuerdo con casi todo lo que dice el articulo tampoco debemos mitificar a los empleadores españoles; no se en otros paises, pero en las empresas españolas existen muchas ineficiencias, amiguismos y seguro que todos conocemos algun que otro "paquete" que todavia no nos explicamos por qué sigue siendo jefe de algo o sigue trabajando en tal o cual empresa.

    Sin ir mas lejos, pensemos en las empresas del Ibex, quitando a inditex, grifols y alguna otra emprsa más, todas son empresas con origen o nucleo de negocio en alguna concesion estatal, antiguo monopolio, subvencion o dadiva administrativa; asi que de emprendedores poco y de comisionistas mucho.
    En cuanto a los consejos de administracion, ese es otro tema con mucha tela, ¿Hay algun limite al numero de consejos a los que alguien puede pertenecer? ¿son verdaderamente independientes los consejeros independientes? ¿La junta general de accionistas representa en algo al accionista minoritario? y no sigo que puedo estar así hasta mañana.

  5. #7

    Ferrantatachan

    En mi pueblo el alcalde ha colocado de concejal de urbanismo a su hijo,... al menos otros 2 concejales son familiares... el partido parece un clan siciliano con problemas internos y luchas de poder tremendas.. Ningún concejal ha terminado carrera universitaria conocida excepto algún que otro maestro de escuela. Es irrelevante el nombre del partido.

    En la empresa publica donde trabajo todos los cargos directivos con sueldos importantes y nula responsabilidad son designaciones políticas para amigos simpatizantes del partido...a diferencia del ayuntamiento estos tiene carrera universitaria superior...sueldos mas altos y apariencia de no ser políticos....Ellos dicen que no son, para ver si cuela y les mantienen los siguientes.... Aunque les da lo mismo pues si les echan es con grandes indemnizaciones...
    Indudablemente tener estudios solo sirve para ganar mas y hacerlo de forma oculta camuflando la verdad.
    Lo único exigible a un político debería ser honradez, pero es tan escasa...

  6. #8

    Fernando Castelló

    en respuesta a Alejperez
    Ver mensaje de Alejperez

    Alejperez, gracias por tu comentario.

    Lo de Buffet me lo quedo sin royalties, le va al pelo a más de uno ;)

    En cuanto a consejeros y presidentes, enchufados y primos-de, este país siempre fue Maestro de estas fórmulas organizativas (gregarias), y la verdad es una de las cosas que nos diferencia del resto de no-PIGS

  7. #9

    Fernando Castelló

    en respuesta a Jrocsev
    Ver mensaje de Jrocsev

    Gracias por la valoración, pero no pretendía acertar, sino ensayar en voz alta (mejor, con letra clara), por qué ocurre; y más en propiedad, qué es lo que ocurre.

    S2

    F

  8. #10

    Fernando Castelló

    en respuesta a Comstar
    Ver mensaje de Comstar

    Interesante enfoque, Comstar, la verdad es que si no existiera empresa privada, siguiendo tu silogismo -igual- tendríamos mezclados a los eficientes con los ineficientes entre el grupo de "elegidos" electos.

    Creo que la cuestión transita más por el ámbito de la causalidad. En lo público (pensemos en un alto cargo, funcionario; aun en comisión de servicios), se prima lo faraónico.

    Dejando de lado la posibilidad existente para desviar fondos cuanto más grande sea el monto del presupuesto (tengo en mente ciertas macro-obras urbanístico/culturales/artísticas/científicas de un re-putado arquitecto de la tierra, pero con acento de Zurich), siempre la magnitud del "proyecto" será su "única" retribución adicional, puesto que en la función pública la productividad (gran asignatura pendiente) sigue siendo un expediente X.

    Ya se sabe qué ocurrió con el complemento específico y de destino en la función pública: que lo que no dejaba de ser un premio acabó cumpliendo los estándares de l'Oreal (porque yo lo valgo), y pasó a formar parte de la retribución del puesto.

    Gracias por el comentario

    F

  9. #11

    Fernando Castelló

    en respuesta a Jo.ma
    Ver mensaje de Jo.ma

    ¿Y quién cambia la ley? ¿Quién controla al controlador? Orwell y Huxley llenaron páginas, la cosa ya no es ciencia-ficción, me temo...

    S2

    F

  10. #12

    Fernando Castelló

    en respuesta a Ferrantatachan
    Ver mensaje de Ferrantatachan

    ¿Y por qué ese clan sigue recibiendo los votos del pueblo?

    Es una cuestión económica de gran interés. ¿Cuál es la utilidad marginal, expresado en unidad de voto o en unidad familiar, tanto da, que logra irradiar ese "clan"?

    S2

    F

  11. #13

    Fernando Castelló

    en respuesta a Dobresengo
    Ver mensaje de Dobresengo

    Esos amiguismos de la empresa privada que sí, he de reconocer que existen, son la base de nuestro sector público, pura idiosincrasia...

    Sólo que este sistema político excesivamente acomodado al amiguismo "financiado" por los pptos. grales., junto con una división interconectada de poderes, en mi opinión, nos acerca peligrosamente a una italianización de libro.

    S2

    F

  12. #14

    Comstar

    en respuesta a Fernando Castelló
    Ver mensaje de Fernando Castelló

    Lo interesante de esto es que se suele hablar de aumentar salarios en política para atraer gente competente, lo cual es un adefesio, por varias razones:
    1.Aunque una persona calificada quisiera aspirar al puesto, tendría que atravesar la jerarquía partidaria para poder simplemente ser un aspirante.
    2.El aumento crea un incentivo económico a los que no trabajan bien, para cerrar filas y evitar que la gente capaz llegue al puesto, pues querrán ellos ocuparlo o poner a sus amigos allí, pues se hace más atractivo el puesto para los que no trabajan.

    También es interesante pensar que con tus impuestos de persona común del siglo 21 se pagan los salarios de ellos. Se dice que "el que paga la fiesta, manda en el baile", de modo que los políticos son empleados, no jefes. Es como cuando contratas a alguien para que administre un negocio. Será absurdo que esa persona se sienta con facultades y atribuciones sobre tu persona, tu dinero o tus cosas. Irónicamente la mayor causa de que la gente no pueda tener una vida normal es precisamente el político.

  13. #15

    Fernando Castelló

    en respuesta a Comstar
    Ver mensaje de Comstar

    Cierto, pero que pensemos así no debería deslegitimar a la política como forma de organización de la sociedad (al estilo de cómo lo hace la economía con los recursos limitados);

    Aun estando de acuerdo en el fondo, me niego a aceptar que no sea solucionable; del mismo modo que la tendencia natural en una empresa es la entropía y las deseconomías "naturales" (ese es nuestro campo, en verdad, perseverar en la "lucha"), cambiamos las condiciones para lograr minimizarla y, en ocasiones, provocar sinergias positivas.

    Aquí, en este caso, debe ser posible, pero para ello debería aparecer el control ascendente, pues como bien dices, somos los jefes, y no los súbditos, esto quedó abolido hace un par de siglos, o al menos tenía entendido yo...

    F

  14. #16

    Comstar

    en respuesta a Fernando Castelló
    Ver mensaje de Fernando Castelló

    La esclavitud se abolió hace mucho, y hoy hay más esclavos que nunca en la historia humana.

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