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Caìda Libre - Comentarios al libro de Joseph Stiglitz

 

Cuando personajes como Joseph Stiglitz escriben un libro, o algùn ensayo, no debe uno de perderse la oportunidad de leerlo y digerirlo, pues en este caso se trata de una de las mentes màs lùcidas dentro del mundo econòmico - financiero contemporàneo. Stiglitz reùne, ademàs, una combinaciòn interesante como acadèmico de primera categorìa (ganador del Premio Nòbel 2001 y profesor de la Universidad de Columbia), la experiencia de haber sido Coordinador de Asesores en el gobierno de Bill Clinton, y en otra època, Vicepresidente Senior y Economista en Jefe del Banco Mundial.

 

En este caso el libro en cuestiòn es "Caìda libre, el libre mercado y el hundimiento de la economìa mundial" (Free fall: America, free markets and the sinking of the World economy). Aquì el autor nos da cuenta, de manera detallada, lògica, bien documentada, con lògica aplastante, y con lenguaje sencillo y accesible acerca de las causas que llevaron a la crisis financiera y a la grave recesiòn del 2007-2009, señalando como responsables a los grandes bancos y a la polìtica de desregulaciòn impulsada por la Reserva Federal de los Estados Unidos (banco central). A fin de cuentas, los agentes econòmicos actùan por estìmulos de poder hacer, o no poder hacer.

 

Pero Joseph Stiglitz va màs allà y desecha por completo los postulados de los mercados libres autoregulados, una especie de ùltimo clavo en el ataùd de esa escuela de pensamiento econòmico - como si realmente lo necesitara a estas alturas de las circunstancias -, al mostrar la falacia de esas tesis, los graves errores teòricos en los que se apoyan, y las dramàticas consecuencias que han tenido su aplicaciòn en todo el mundo. Sin embargo, inconcebiblemente, y yendo contra todo raciocinio cientìfico, se siguen aplicando en los programas pùblicos de muchas naciones - incluìdos los Estados Unidos - y continùan enseñàndose en las principales instituciones de educaciòn superior, gracias a que los grandes intereses financieron se aferran a ellas, las patrocinan y se oponen a todo cambio.

 

El resultado de aplicar esas fallidas polìticas generò que los bancos se apalancaran màs allà de lo saludable, incurrieran en crèditos de dudosa recuperaciòn y aprovecharan un mercado desregulado de activos tòxicos que contaminò a la economìa mundial.

 

La respuesta del gobierno de Obama tambièn es duramente criticada en este libro, pues en esencia deja intactas las condiciones de futuras crisis y todo a costa del dinero de los contribuyentes quienes han sido, y seràn,  los sujetos que han cargado con el costo de la crisis. El momento obligaba a llevar a cabo una radical reforma al sistema financiero en los Estados Unidos para evitar, a travès de regulaciones eficaces, que surgieran crisis como la que puso en peligro la propia existencia de todo el sistema financiero internacional.

 

Cuando surgen voces que gritan que los bancos lìderes son "demasiado grandes para permitir su quiebra", Stiglitz responde asertivamente que definitivamente si son "demasiado grandes, no deberìan de existir en primer lugar", tesis que apoyò el mismo Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra.

 

En el libro èl confiesa haberse opuesto a la revocaciòn de la Ley Glass-Steagall, pues juntar bancos comerciales con los bancos de inversiòn darìa suficientes incentivos a que la banca se alejara de su papel tradicional de ofrecer, por un lado, un sistema de pagos eficiente y barato y, por otro lado, de poder colocar recursos en los sectores màs convenientes de la economìa. Despuès de todo los Estados Unidos disfrutaron de una època dorada donde los bancos regionales y comunitarios estaban ìntimamente ligados a las aspiraciones econòmicas de poblaciones sedes, evitando asì la brutal concentraciòn de instituciones que diò lugar a la formaciòn de bancos mùltiples nacionales, y por ende a los incentivos para realizar pràcticas especulativas. Recordemos que cuando se especula, las ganancias de unos se compensan con las pèrdidas de otros, pero en el fondo no se crea riqueza.

 

La desregulaciòn tambièn trajo como consecuencia que los bancos registraran fuera de balance operaciones que falseaban la real solidez de las instituciones, violàndose asì toda visiòn de buen gobierno, en perjucio de los diferentes grupos de interès. Son pràcticas que ponen en evidencia el excesivo ènfasis en el cortoplacismo de las operaciones financieras.

 

La crisis financiera y el rescate a las grandes instituciones (Wall Street) - màs no el rescate a deudores de la calle (Main Street) - ha distraìdo al mundo de problemas màs de fondo que estàn pendientes de ser afrontados: asistencia sanitaria, energìa y medio ambiente, cambio climàtico, educaciòn, envejecimiento de la poblaciòn en paìses desarrollados, no aprovechamiento del bono demogràfico en paìses subdesarrollados, declive industrial, sector financiero disfuncional, desequilibrios globales, desempleo crònico, dèficits comerciales y financieros, y contaminaciòn de fondos monetarios de actividades ilegales al circuito econòmico formal (700 mil millones de dòlares anuales).

 

Con la bandera de los mercados libres - autoregulados - se ha impulsado una sociedad en que el materialismo se impone al compromiso moral, creàndose la ilusiòn de que el crecimiento indefinido es sostenible. El individualismo y el fundamentalismo de mercado han erosionado el sentido de la vida en comunidad y de la aspiraciòn del bienestar general.

 

Joseph Stiglitz proclama abiertamente que el Consenso de Washington y la ideologìa fundamentalista de los mercados libres que lo sustentaba han muerto. Ahora, el desafìo es buscar el equilibrio entre mercado y el Estado, entre el individualismo y el bien comùn, entre el hombre y la naturaleza, entre los medios y los fines.

 

El momento de llevar a cabo las reformas es ahora, pues remembrando a Sir John Maynard Keynes, El largo plazo es una guìa engañosa para los asuntos del presente. En el largo plazo todos estaremos muertos. El trabajo de los economistas es demasiado fàcil y demasiado inùtil, si en un perìodo de turbulencias lo ùnico que nos dicen es que cuando haya pasado la tormenta el ocèano volverà a estar en calma.

 

En conclusiòn, un libro altamente recomendado. 

  1. #1

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    Ir contra toda ciencia y toda regla. Yo diría incluso, de una manera un poco melodramática, que van contra las reglas del universo...

  2. #2

    Sibarsky

    Es una pena (o más bien un desastre) que mentes tan lúcidas como la de Stiglitz o Shiller sean tan poco tenidas en cuenta por las altas cumbres del poder. Pero los intereses son los que son, y los que han ganado y siguen ganando cantidades ingentes de dinero (y medallas en el ámbito académico), no se van a "bajar del burro" y dejar la concepción clásica de los mercados. Como bien dices, "el desafìo es buscar el equilibrio entre mercado y el Estado, entre el individualismo y el bien comùn, entre el hombre y la naturaleza, entre los medios y los fines". Al fin y al cabo, en el término medio está la virtud. S2

  3. #3

    Rafael isas

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    Como no van a ceder los intereses incrustados en el poder, la ùnica alternativa de cambio es que el hombre de la calle tenga inforamciòn, que se eduque, despuès se movilice y, finalmente, exija las reformas consecuentes con el bien comùn.

    ¿Hay realmente otra opciòn?

    sal-u2

  4. #4

    Sibarsky

    en respuesta a Rafael isas
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    Por experiencia personal (ya dilatada en materia de ir contracorriente), confirmo que ésa es la única forma de (intentar) cambiar todo el cúmulo de intereses creados: formación, formación y más formación. El problema es que hay un 10% de buena formación (aunando sistema educativo y medios de comunicación), y un 90% de desinformación, por lo que, como se dice por estos lares, "es complicado separar la paja de la haba". S2

  5. #5

    Rafael isas

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    Tienes toda la razòn, pero si creemos en las matemàticas, la formaciòn, màs formaciòn y luego màs formaciòn nos lleva a buscar la maravilla de las proyecciones exponenciales. Y como dicen en mis lares, "de chorrito en chorrito, se va llenando el cantarito".

    sal-u2

  6. #6

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    en respuesta a Sibarsky
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    A Stiglitz le pasa hoy lo que le pasó a otros en la crisis de 1929.

    La Ley Glass-Steagall separa banca de inversión y banca de deposito. A la banca de depósito le interesa una baja morosidad y bajo riesgo en inversiones y por eso monitorea cuidadosamente los riesgos de sus inversiones. A la de inversión le interesa el rendimiento sin importar el riesgo. Evidentemente en este par hay roles contrapuestos en una dinámica que protege al ahorrante. Sin esa ley al fundirse los dos, el monitoreo del riesgo se le pasa al ahorrante y surge un conflicto de interés en el banco.

    Desregulación bancaria. El sistema bancario funciona como un sólo monopolio del dinero. Cualquier liberal sabe que es absurdo desregular un monopolio, porque de eso no se obtiene libre mercado. Las políticas intervencionistas de la banca y el concepto de "demasiado grande" y su caracter irreemplazable exponen su carácter monopólico. Aunque los demócratas se declaran "liberales" en realidad parecen ser enemigos de la sana competencia. Para empeorar el asunto, el banco es un mecanismo recesivo, que extrae liquidez de la economía, pues entrega un monto P y cobra un monto P+I de modo que en términos netos drena dinero de la economía. Y eso no es lo peor, sino que lo peor es que los bancos son la única fuente de dinero para la economía, el monopolio.